31.3.13

Zahara - Con las ganas

Por supuesto que recuerdo, no me miraste al llegar; qué absurdo. Si nunca llegué; llegaste tú. Llegaste y arrasaste. Me sentí desastre. De cientos, una más; y entre tantas creíste poder perderme, pero no supiste. Creaste mi primera mariposa, le enseñaste a volar, seguiste cada aleteo y luego la quemaste, dejando las cenizas esparcidas en mi estómago -y ahí están-. No es que no pudiera, es que no quise darme cuenta, de que los ascensores están prohibidos en casos de incendio, que debí de haber usado las escaleras para poder salir corriendo. Pero tenía tantas ansias por quitarme aquel disfraz, tantas ganas imparables de querer hasta pecar -y estabas tan cerca que-. Te vi en mi -irónico, lo sé- tanto que me asusté. Te viste, en mi, tan imposible que huiste. Pero siempre volvías, porque las noches nos las hicieron a ti y a mi para encontrar habitaciones vacías en las que no necesitar dormir. Pero te me escapabas, entre los dedos, como el agua y por más que te arañaba y te mordía; te deslizabas por mi y caías. Y aún sabiendo que eras aquel intocable, de miedos escondidos, no hubo manera en todo ese tiempo de que a base de silencios tú pararas mis instintos; instintos de poder hacerte poder quererme. Y tus instintos -ay, tus instintos- qué te digo, si nunca supiste actuar, y menos cuando creías hacer lo que debías; yo me quejaba, lloraba y gritaba y tú ni si quiera me oías. Mi descomposición fue inminente, no había tornillos, ni pegamentos, ni cuerdas, ni tuercas que pudieran sostenerme. Tan débil que cualquier ser insignificante podría haberme hecho trizas hasta retorcerme. Y aún muriendo me metí en tus brazos -qué miedo tenía de que me soltaras-, pero sabiendo que podría asustarte, dejé que me aplastaras sin decir nada. Que me tocaras, que me besaras, que me manosearas cada ángulo, cada curva, cada vértice, cada lado; que supieras lo que era vivirme hasta que hubieras acabado. Y por acabar, no sé cómo acabamos; solo sé que me dijiste que nos veríamos y aquí sigo esperando, recibiendo tantas flechas, tantos dardos y disparos, que cuando pude moverme para buscarte tú ya la habías encontrado. Y ahora qué tenía que hacer, si no cabíamos los tres; si en tan poco espacio ya no había nada que hacer. Yo no supe que era dolor hasta que apareció aquel quemazón en cada uno de mis costados; si mi pecho hubiera sido un cielo, hubiera estado nublado. Y aún sabiendo que dolerías, seguí alimentándome las heridas con esa maldita agonía de quererte a mi lado para poder sentirme viva. Me repetí tantas veces cuánto te echaba de menos, que pensé que algún día moriría si no te lo escribía en versos; pero ya no había excusas, me quedaba sin palabras, terminé vacía por dentro. Y de todo lo que aprendí de ti, entonces me dio por fingir; que nunca supe, que no sabía, que no eres más que una despedida. Entonces me perdí tanto en mi, que me encontré sin querer buscarme, ni si quiera me había dado cuenta que me había olvidado de tanto recordarte.

'Me moriré de ganas de decirte, que te voy a echar de menos.'

28.3.13

Preguntas aleatorias en una noche concreta

Me pregunto si los vacíos puede llenar vacíos,
si un espejo puede reflejar lo incorpóreo,
si una boca puede hablar sin palabras
si se puede avanzar sin saber andar.

Me pregunto si los finales son siempre comienzos,
si un río deja de ser río cuando se seca
si las princesas también mueren de tristeza
si las estrellas observan a los humanos brillar.

Me pregunto si el tiempo aprenderá a no pasar,
si hay playas que jamás han sido acariciadas
si las brujas siempre fueron malas
si se puede olvidar recordar.

Me pregunto si los nudos sabrían desnudarse solos,
si podemos perdernos de nosotros mismos
si las mentiras saben que son mentiras
si hay distancias eternas que se puedan salvar.

Me pregunto si las montañas se sienten altas,
si se puede querer sin tener corazón
si algún desierto murió de sed
si uno mismo se puede llegar a perdonar.


12.3.13

Alegoría de un día cualquiera.

Acabo de ver un vaso de agua
caer
sobre la mesa
esparcirse
dividirse
extenderse hasta
joder.

Como tú cuando
apareciste
sin aviso
y te fuiste
sin volver.

Pobres hojas
arrasadas
por la fuerza
indestructible
y la determinación
del agua.

Eran fuertes
eran claras
eran útiles
y ahora
nada.

Ha avanzado
impasible
entre objetos
imposibles
hasta el suelo
descender.

Y en silencio
ha tumbado
hasta el mismísimo
diablo
y luego
desaparecer.

Ha sido hermoso
declaro
ver como
un cuerpo invencible
ha sido
derrotado.

Y ahora pienso
¿Fue bonito
nuestro asalto?