24.3.14

Ella, cualquiera.

Ella es los restos de nieve en la cuneta de una carretera, siendo arrasada por los rayos de sol recién nacidos a principios de primavera. Es una flor arrancada de mil maneras, es agua cristalina que le hace el amor a la arena. Ella cruza sin mirar de acera a acera, jamás lleva paraguas y siempre desea que llueva. Ella es grito perdido en la selva, es áspera caricia de las yemas sobre madera. Ella ha tragado estrellas y las ha vomitado en forma de estela. Ella ha llorado risa y la ha enjuagado en la manga de su camisa. Ella ha sangrado melodía y ha empapado de versos más de una triste sinfonía. Ella ha bailado tangos sin pareja, dejándose llevar por la magia de ninguna orquesta. Ella ha sido desierto echando de menos las nubes en un día de cielo abierto. Ella ha sido ráfaga de aire contenida sin fuerza para doblar la esquina. Ella ha sido suspiro regalado emitido entristecido con descaro. Ella le ha dado todo a nadie y nada nadie le ha dado. Ella es recuerdo nocivo que ya ha sido olvidado. Ella podría ser alegría resurgida, podría convertirse en su propio punto de partida. Ella podría atravesar el Antártico, ha sobrevivido a menos cien grados. Ella podría salvar el mundo antes de que amanezca, ya ha perdido el miedo a que el miedo reaparezca.

23.3.14

Érase una vez

Tiene un lunar que me distrae sin importar lo que esté haciendo; 
ahí, justo en medio de la mejilla, 
por allá donde paso el pulgar cuando trato de memorizar los límites, ángulos y vértices que forman su cara.
Tiene dos brazos de esos que abrazan como si más allá de mí, no hubiera nada; 
como si fuera a huir y no me dejara; 
como si yo pudiera, como si yo quisiera huir, qué gracia. 
Y sus manos; joder, 
cualquiera en su sano juicio querría perderse al pasear entre sus preciosos dedos infinitos, 
que por si lo anterior no fuera suficiente, 
encajan a la perfección al chocarse contra los míos. 
También su cuello, 
que mide lo mismo que tarda mi lengua en perder la saliva al recorrerlo. 
Y si nada de esto consiguiera convenceros, 
entonces -y solo entonces- 
mencionaría eso de cuando medio sonríe; 
que he fundado mi república independiente en las comisuras de las semi-sonrisas que emite 
en esas décimas de segundo que gasto cuando le estoy besando, 
porque entre beso y beso, 
justo entonces mueve los labios. 
Qué más contaros, si siempre es aquello que necesito; 
y lo que más me gusta de él, es que de todo lo que es, aún sigue siendo mi mejor amigo. 
Hasta cuando se enfada, 
que su boca se transforma y sus ojos pierden la capacidad de mirar directamente a los míos, 
aunque le estén esperando a medio camino. 
Así que cualquier día de estos que decide pilotar el avión de mi espalda, 
igual desaparezco porque me he subido al vuelo dirección lugar que él mismo traza; 
mientras me acaricia a mí o a las cinco cuerdas de esa triste guitarra. 
Y eso es todo por hoy, 
que hoy ha terminado lloviendo -y no me refiero al otro lado de la ventana- 
porque ahora que lo tengo después de no haberlo tenido durante tanto tiempo; 
ahora es cuando no me va a quedar más remedio que echarle de menos.

25.2.14

Como siempre

'Eres preciosamente triste'

Y así me dejó, como siempre. 
Sin pareja en pleno baile de salón. 
Sin salvavidas en aquella tempestad.
Sin zapatos descalza sobre las brasas.

Y no le importó, como siempre.
Se marchó como las hojas verdes en otoño.
Se escondió como un búho durante el día.
Se perdió como un globo en el cielo.

Aunque a veces volvía, como siempre.
Para desarmarme en mitad de una guerra.
Para desnudarme en cualquier lugar del Ártico.
Para deshacerme como terrón de azúcar en un té.

Pero jamás para quedarse, como siempre.
Quedarse era atarse a mi necesidad de ser libre.
Quedarse era obligarse a moverse según mi aire.
Quedarse era ahogarse en eso de querer quererme.

Y así se repitió la historia, como siempre.
Con sus idas y venidas.
Con sus musas repartidas.
Con sus ganas de olvidarme.


2.12.13

Qué será de nosotros.

Qué será de nosotros cuando nos hayamos olvidado. Cuando ya no quede ni un ápice de recuerdo. Cuando la delgada linea que separa la dependencia de la indiferencia, sea tan gruesa que ya no tengamos fuerzas para poder cruzarla. Cuando el aire ya no nos obligue a darnos cuenta de que nos perdimos en algún momento de ese destino que hemos dado por muerto.

Qué será de nosotros cuando la distancia entre nuestra existencia sea más extensa que la distancia entre ambos polos. Cuando ya no queden razones para hacernos los sordos cuando oímos hablar del otro. Cuando las madrugadas ya estén acostumbradas a la ausencia de nuestro intercambio de palabras. Cuando las ganas que agotamos ya se hayan cansado y decidido no esperarnos más.

Qué será de nosotros cuando las pisadas que hemos dejado desaparezcan sin dejar rastro, abandonando el camino que recorrimos hasta darnos por vencidos. Cuando las caricias de otras manos consigan calentarnos como nosotros con las nuestras una vez hicimos. Cuando el miedo a amar de nuevo huya de tanto frío y la necesidad de llenar vacíos alce el vuelo. Cuando ya no nos giremos al creer habernos visto paseando por cualquier calle al azar, aun siendo conscientes de la imposibilidad de ese encuentro.

Qué será de nosotros cuando las canciones dejen de hacernos recordarnos. Al igual que los paisajes. Al igual que los viajes. Al igual que los planes. Al igual que las calles. Al igual que las ciudades. Al igual que cualquier vulgar historia de amor con triste final. Qué será entonces de nosotros.

Qué será de nosotros cuando ya no me queden palabras para describirte, para escribirte, para decirte, para renombrarte, para perdonarte, para regresarte. Cuando ya no sepa qué tecla del teclado debo pulsar. Cuando no sienta la exigencia de evocarte mediante tinta con impaciencia. Cuando deje de imponerme la dulce y ardua tarea de follarme cada folio virgen mientras grito tu nombre. Cuando faltes en mi conciencia, cuando ya no emerjas en mi inconsciencia.

Qué será de nosotros cuando ya no quede ni una sola manera de hacer mella en la vida del otro.
Qué será de nosotros.
Y qué será de mí.


24.11.13

Yo soy la idiota.

Eres el error más bonito que jamás he cometido. 

La causa que he encontrado más perdida. 

La consecuencia más provocada.

La mentira mejor creída.

Eres el viaje mejor improvisado.

La sonrisa más triste.

Las lágrimas más felices.

La historia mejor no contada.

Eres el momento menos oportuno.

El final del mejor principio.

El acantilado con menos precipicio.

El futuro más querido carente de sentido.

Eres el tú mejor pronunciado.

Somos el nosotros menos esperado.

Y yo soy la idiota que lo ha estropeado.