13.12.16

Hablo de los días

Los días desde aquellos días
se han convertido en años.
Aquellos días
en los que pensamos
que los días jamás pasarían.
Los días en los que parecía
que el mundo se habría acabado,
dejando tan solo una venda
en los ojos de un niño
que un día quiso ser algo.
Los días en los que los días
hablaban de niñas
que desconocían que aquello
sería cuestión de tiempo olvidarlo.
Los días que fueron meses
cuando las niñas dedicaban su vida
exclusivamente a intentarlo.
En aquellos días
los niños jugaban,
las niñas escribían
en aquellos días.
Pero desde aquellos días
los niños han sido algo,
lo que siempre habían imaginado;
y las niñas han crecido tanto
que ya no son niñas.

17.6.16

Nadie quiere volver a ese día

Ese día los niños no jugaron en las calles
nadie gritó el nombre de nadie
ningún pájaro sobrevoló el parque
no se vendieron los periódicos
no hubo madres siendo madres
ni padre siendo padres
ninguna pareja se dio la mano
nadie contagió su risa a nadie
no hubo ningún reloj que marcara las doce
no se saborearon helados
nadie le contó un cuento a nadie
no se escucharon llantos
no despegó ningún avión
nada sucedió en dónde
ninguna canción sonó en ninguna habitación
nadie quiso suicidarse por amor
no llovió en ningún lugar del mundo
tampoco salió el sol
ningún poeta escribió pensando en nadie
nadie miró su reloj esperando que fueran las doce
no hubo besos en la mejilla
ni en la frente
ni en los labios
nadie llamó a nadie para decirle que lo sentía
ni siquiera tú
por eso nadie quiere volver a ese día
porque ese día en ningún lugar pasó nada.

6.6.16

Otra vez igual, nada

Esta es otra hoja más en blanco.
Puedo escribirla hasta que deje de estarlo.
Podría ser el origen de un poemario.
Podría ser cualquiera de esas otras quince hojas que he ensuciado.
También puede que, al igual que las quince, nunca llegue al orgasmo.
Porque no es más que otra hoja en blanco.
Quizás escriba la primera palabra, la segunda; con suerte la octava.
Podría la novena jamás ser escrita en esta superficie blanca.
Podría quedarse atascada.
Puede pasar incluso que borre la última, que sean solo siete encadenadas.
Porque no es más que otra hoja en blanco.
Blanco inmaculado, manchado de versos que nunca rimaron.
Versos que podrían haberse querido.
Versos que yo podría haber escrito, pero jamás se encontraron.
Blanco indomable, que huyó de mis abrazos para volverse salvaje.
Porque no es más que otra hoja en blanco.
Hoja que se desliza, de envergadura delicada.
Hoja que corta mis muñecas cual espada.
Muñecas de las que brotaron historias que fueron plasmadas en tales hojas. 
Porque no es más que otra hoja en blanco.
Imponente, altiva, me mira.
Con desprecio.
Dicen que escriba, insisto, lo intento.
Pero cada vez que lo hago, termina sucediendo esto: 


14.5.15

Esto tampoco es una carta para decir que me he ido.

Me estoy dejando la fuerza en llegar a ningún lado.
He viajado demasiado como para no darme cuenta de que en todo lo que me rodea ya no queda suficiente espacio.
Imaginaos un maraton sin meta. Ahora hacedlo todo el rato.
Se ha quedado una noche espantosa para hablar de la triste utopía de querer vivir para llegar a ser algo, para llegar a hacer algo.
Qué mala suerte, me dijo el futuro exhausto. Supongo que suerte acabará muriendo como lo hace cualquier villano.
Solo sé que el que nada también se ahoga, no puede estar nadando siempre.
Decidme qué hago con todo esto que hago sin querer hacerlo, decidme algo. He perdido propósitos porque no los he cuidado. Y los entiendo: yo también me he escapado de aquellos que me han olvidado.
Quiero que sea no sé cuándo, pero que sea; cualquier momento podría ser mejor que este. 
Tengo un mapa apuntando a mi cabeza y pienso usarlo; tampoco sé cuándo.
No tengo paciencia, ni ganas de tenerla, ni interes en buscarla, ni motivos para encontrarla, ni tengo tiempo para usarla.
¿Alguien recuerda quién salvaba al héroe? 




28.1.15

Cualquier jodido miércoles como este.

Podría dormirme.
Pero no quiero.
No quiero dormir.
No quiero estar despierta.
No quiero dar vueltas.
No quiero quedarme quieta.
No quiero que suene el despertador.
Ni abrir los ojos para buscarlo.
Ni tener que apagarlo.
Ni obligarme a levantarme.
No quiero vestirme.
No quiero ir al baño.
No quiero oler a café.
Ni exprimir dos naranjas.
Ni tostar pan de seis cereales.
Ni cortar en rodajas un tomate.
No quiero ordenar el bolso.
No quiero tener que abrigarme.
No quiero buscar las llaves del coche.
Ni conducir doce kilómetros.
Ni elegir la música del trayecto.
Ni buscar aparcamiento.
No quiero ir a clase.
No quiero ir a otra clase.
No quiero comer sola
Ni acompañada.
No quiero ir a una última clase.
No quiero volver con prisa.
No quiero ir a trabajar.
Ni enseñar.
Ni educar.
Ni paciencia.
No quiero volver a casa.
No quiero ir al gimnasio.
No quiero ducharme.
Ni cenar.
Ni ver cualquier mierda en la televisión.
Ni irme a la cama.
Aunque podría dormirme.
O tal vez no.